Poemas del Libro "Intimo Desorden"

Mi Flor Novia
Una noche senté a la belleza en
mis rodillas. Y la encontré amarga.
Y la injurié.
Rimbaud.

Aún recuerdo tu belleza definitiva,
cuando viniste a mí adueñándote de todo.

Entonces con una palabra te amé
y se inauguró un nuevo día
y puse en tu rostro
el tatuaje de una caricia.

Te hice mi flor novia
y el silencio conspiró
para que germinaras en mi memoria.

 

Contigo es Siempre Primavera
He conocido la inexorable tristeza
del amor.
Elliot

Cuando sonríes,
olvido súbitamente la muerte.

Eres el sol tibio
que inmoviliza mis palabras.

Tantas veces te he visto
subir hacia mis labios
que sería capaz de inventar un lenguaje
que sólo tú y yo conociéramos.

Contigo es siempre primavera
en una orilla de tu cuerpo
y he llegado a amarte
en un oleaje de silencio
para vivir en tu nombre
la infinita prolongación
de un beso invisible.

 

Puerto Ebrio
(Nací junto al océano es todo lo
que recuerdo).
Rimbaud

Nací junto al puerto
con los peces de la mañana.

Las pesadas redes
sacudían la antigua arquitectura
de los botes.
Crecí junto a los embarcaderos
con el silbato triste de la despedida.

En mi casa,
el cerro se aproximaba a la calle
y había hedor a whisky
en cada palabra
después de la jornada.

Jugué entre los vagones del muelle,
con las gaviotas y los alcatraces
y fui dueño de la niebla,
de los domingos con sol temprano,
del hombre que se multiplica por el alfabeto.

En la noche
las mujeres danzaban en mi cabeza
y me hacían soñar
con la Garbo desnuda
en los cines baratos.

Emergieron del mar aquellos días
que sustentaron la esperanza
y la sed salobre
despojó de mis labios
un sabor a algas.
Y zarpó la angustia
en un barco fantasma.

 

Antigua Estación
(Espero un tren para. Navidad y mi infancia en una caja de regalos).

Aquí descansa en paz
la antigua estación
que me duele en los huesos.

Hay un aire de niño triste
en el silencio de las tapias
a la hora de la siesta
donde el otoño se quedó una noche
con su vestuario amarillo.

Inefable el tiempo
todo se lo lleva.

La vieja locomotora
ya no tiñe de carbón
el techo de las casas
ni se escucha el ebrio vaivén
en el humedecido óxido de los rieles.

Entonces,
mis recuerdos convocaron la infancia
y los ojos se llenaron de lluvia.

Y mi llanto fue envejeciendo
como una mariposa
en los labios de la muerte.

 

El Principio del Ultimo Día...

La tarde cae vertical
como la apática muerte
como la fotografía del misil
que destruirá,
posiblemente mi casa.

Sembraron
trescientas cruces blancas
a la orilla del océano
y los titulares de los diarios
manchan de rojo el papel,
“la guerra no ha terminado”.

La región de la paz
se ha poblado de violencia
—este es el principio
de lo que hoy nos disputamos—
no es un trozo de tierra
inserto en el mapa.

Es la hora del pánico
del aire que cae muerto,
acribillado por las bombas.

Este es el último día.

Mañana,
no habrá nadie para decirlo.

 

Poemas del Libro "Secreta Convicción"

Beberly Hills

Una ventana azul
florece junto al geranio
en Beberly Hills.

En el subsuelo
de un bar,
Duke Ellington
transcurre
en el viejo Wurtlizer
junto a la forma triste
del que ha perdido
su sombra.

Insinuaciones

Tendrás que aceptar
que nadie es culpable
de sobrevivir
a la propaganda
de los carteles,
ni habitar insalubres zapatos
después de la moda.

Tendrás que acumular
futuro para los huesos,
conducir
nuevas imágenes
a pupilas ajenas
y aceptar la hora
de la fuga para
que las piernas
no te insinúen
otras huellas.

En una Esquina de la Noche

A una hora indeterminada
en una esquina de la noche
entré en tu vida
con la timidez del enamorado.

Común de rostro
estrictamente cotidiano
me apropié de tus labios.

Tuve miedo
pero el amor
no me dejó dudas.

Esa noche
no te pude amar
de otra manera.

 

Tu Excesiva Ausencia

Vengo
borracho de estar
tan solo,
inoportuno,
intentando compartir
contigo
la misma almohada.

Que hacer
con tu excesiva ausencia,
amortiguar
tanta distancia,
tanta incertidumbre
que se prolonga
como la muerte,
enamorada permanente
de cada día
que me derriba
con su silencio.

Secreta Convicción

Todo intento
por recuperarte
es suicidio
y prófugo
de tu mirada
escucho
la alarma del llanto.

Guardo
algunas cosas tuyas:
el hospedaje de tu cuerpo
que se contenta
de caricias
y la secreta convicción
que nunca me amaste.

 

Poemas del Libro "Tu Prójimo Inevitable"

Aprenderé A Olvidarte

Envejeceré con mis objetos
y sentiré deseos
de contarlo todo.

Vestiré de negro
con un sombrero blanco,
gastaré mi jubilación en brandy
para embriagar mi soledad
y tendré dinero
para alquilar
una pieza de hotel.

Me despojaré de la razón
como lo hago cada noche
con mi ropa.
Comprenderé
la austeridad de mi juventud.

Saldré a caminar
en zapatillas bajo la lluvia,
arrancaré flores
de todos los jardines
y aprenderé a olvidarte.

Pondré en práctica
este nuevo oficio.

No te asombres
si comienzo a envejecer
y a vestir de negro.

 

Secreto Lenguaje

Conozco en tus ojos
la pálida tristeza
de algunas noches de Otoño.

Intento entender
el secreto lenguaje
de tus labios.
Tus palabras flotan
en esta habitación.

Sé que nunca
las has dicho a nadie.

Te las he expropiado
sin previo aviso.

Si he sido tu primer amante
seré tu último recuerdo.

 

Estrictamente Solitario

Eres una mujer toda labios
con secretos que gotean
en tu memoria.

Suéñame,
simplemente si puedes
en la penúltima caída.

Piénsame
irremediablemente nadie
definitivamente olvidado
rigurosamente obsoleto
estrictamente solitario.

Los Últimos Pájaros

El tiempo envejece
en los relojes
y mi tristeza avanza
por los rieles del ferrocarril.

El cielo
apunta su noche
contra mi rostro.

Viene a robarme
el silencio
de los últimos pájaros.

 

Para No Pensar En Nada


Pienso en tí
para no pensar en nada.

Por mi rodilla
sube
el tacto insinuante
de una caricia
que depositas en mis labios.

Usurera del placer
asesinas el sueño
de la mujer propia.

 

Poemas del Libro "El Amor se Declara Culpable"

 

Una Historia de Dudosa Alegría
(a Jorge Teillier en un bar de Matucana)

Llueve desde el poniente en Santiago
cae bajo mi camisa la sombra de un transeúnte
y mi rostro entristece a la tarde.

Ebrio y noctámbulo convoco a Jorge Teillier
para inventarnos otras historias de dudosa
alegría.
Vamos a la deriva ex profeso
en forma unánime extraviamos
el último diálogo sensato
frunciendo el ceño
como si nada de lo que ocurriera
pareciera asombrarnos
como si no perteneciéramos a este planeta.

No culpamos  al destino de la suma total
de nuestros errores
haber dicho adiós tantas veces
para quedarnos con nuestras penas
en el mismo lugar del fracaso.
Cada día tenemos más de sesenta años
y la parsimonia envejece nuestros gestos,
viciosamente existimos
en el silencio de este vino
debajo de cada puente del Mapocho
para escuchar las conversaciones de su
primeros habitantes.

La noche nos ha prohibido seguir existiendo.

 

Alguien Muere en este Viaje

La ciudad sucumbe a la epidemia de la
droga,
es más fuerte que la propia sobrevivencia
su existencia es la enfermedad del alma
la felicidad clandestina que se desploma en cada
viaje
con un rito de asombro en el rostro.


La muerte prepara su cacería nocturna
y no descarta tu nombre
en la nómina de los elegidos.
Te convocará a la hora convenida
y con la duda de un invidente
subirás por última vez al escenario
a deambular tras una dosis de cocaína.


Nadie impide que la seudo-felicidad
circule libremente
una sombra deshumaniza a los tristes
derrotados
< ese viejo policía que jubilaron por inepto
tenía razón >
- al hombre común pertenecen todos los vicios -.

 

Calle Sarmiento
(a mi pueblo que cada noche  bebe el sarmiento)
                      

         
Esta calle como otra cualquiera de
Putaendo
el erotismo cumple puntualmente su oficio,
trepa por los muslos de doncellas
aún vírgenes,
y duerme su siesta entre senos
de erguidos pezones.

Abrumadas por el calor del verano
se refugian en la pieza más sombría
leen novelas de amor,
reviven con la imaginación
sus propias historias de sexo
mientras otras revisten con gestos de
fastidio
al Santo Patrono del Pueblo.

Es posible que un par de locos
a la misma hora
haga el amor en la calle Sarmiento
sin que a nadie le importe.

Si este pueblo no existiera,
existirían las palabras para inventarlo

en la mítica geografía de Aconcagua.

 

Una Canción donde Caerse Muerto
(a un anónimo cantor analfabeto)

Clavel,
desarchiva un repertorio de antiguos
boleros
una sobredosis de “Lucho Gatica”
para existir en la sed del plebeyo,
con tatuajes de mujeres desnudas en los brazos.

Ausente de entusiasmo canta por inercia,
la voz quejumbrosa y trasnochada
recuerda su debut
en el Club Social de los Ferroviarios,
trae a su alma
una calle oscura que resbala en la esquina
más próxima.

Los árboles se embriagan en su propia copa
afuera, la madrugada gira en su rostro de bohemio.

Difícil,
imaginar algo distinto a la incertidumbre
creer en la existencia de alguna esperanza,
desafiar a la majestuosa pena de andar
con el cuerpo a duras penas.

No podrá por más tiempo permanecer
en la cuerda floja
en el mejor de los casos en el filo de
la navaja.
No es el único que ha perdido el ritmo en esta vida.

No obstante, Clavel,
reclama un lugar en esta ciudad,
-- argumenta --
“Tengo al menos una canción donde caerme muerto”.