Los mercaderes del temor están al alza

No es nueva esta obsesión del hombre por anticipar el fin del mundo, a partir de algún número o simbología. Un ejemplo fueron las profecías de Nostradamus dadas a conocer en 1999 que anunciaban el fin de los tiempos. A la postre, la paranoia fue tecnificanda y concluyó apuntando a los programas computacionales  los que colapsarían al cambiar de fecha. Pero nada de eso ocurrió en el año 2000. Z

Ahora faltando algunos meses para el enigmático el 21 de diciembre de este 2012, se anuncia otra catástrofe, que ha puesto en acción “el negocio del temor”, fecha que supuestamente el calendario maya consigna la destrucción del planeta. Hollywood, adelantándose a este buen negocio en el 2006 formó una sociedad con los mercaderes de la mitología y convirtió este truculento desenlace en una super producción, denominada “2012”, la que ha arrojado generosos dividendos económicos.

Más allá de la creatividad de los guionistas de cine, en forma paralela surgen otros seudos profetas, más surrealistas que los anteriores y que plantean situaciones límites: <los polos magnéticos de la Tierra podrían invertirse, dejándonos desprotegidos ante la radiación cósmica>. Otros dicen <la Tierra y el Sol se alinearán con el centro de la galaxia gatillando una serie de desastres naturales> y los místicos argumentan por su parte que <vendrá una nueva era para el hombre>.

¿Hay algo de esto en el calendario maya?. Mercedes de la Garza, doctora en antropología de la UMAN en su libro “Literatura Maya” (edición UMAN, año 2010, 480 páginas) recoge diversos trabajos de estudiosos mesoamericanos en el que se puede apreciar que no existe una fuente única que describa la nomenclatura del calendario maya. Al contrario, existen varios textos e inscripciones jeroglíficas con diferentes simbologías. Dentro de este contexto están los libros de “Chilam Balam”, escritos en diferentes épocas por distintos autores. A lo anterior se suma que el papiro que los mayas emplearon para consignar su simbología, no se conservó en buen estado, lo que requirió de transcripciones que fueron realizadas por arqueólogos que poco conocían esta civilización.

La autora también menciona, la fecha 2012, la que correspondería a una colección de papiros denominada, “Códice de Dresde” donde se encuentran datos del calendario astronómico maya. Esta información fue publicada por Humbolt en 1810 y se convirtió, cien años después en el más significativo aporte para el conocimiento de esta civilización. Este documento revela que los mayas tenías tres calendarios, los que se relacionaban entre sí, siendo el tercero un ciclo de 18 meses cuyo inicio se remontan al año 3114 a.c. Esta última fecha sirvió de base para que el arqueólogo Erick S. Thompson (1899-1975), comparara los ciclos mayas, permitiéndole concluir que la suma arrojaba un total de 5.126 años. Si contabilizamos 3114 a.c. más 5126  corresponde al año en el que estamos insertos. Thompson, descarta la posibilidad de un desastre y solo atribuye esta conjetura matemática a una mera casualidad.

Son otros autores los que hablan del aniquilamiento de la humanidad. Thompson es enfático al respecto cuando se refiere a los textos mayas, “a que lo que más se encuentran son frases simbólicas como éstas “El quetzal vendrá, el pájaro verde vendrá” o “los dioses del Este y del Oeste hicieron una pausa en su viaje”. Mark Van Stone de la Universidad de Stanford, dice “la simbología maya no debe entenderse como profecías, aquí cabe hablar de vaticinios y sea lo que fuere los mayas estuvieron más preocupados de la humanidad y de la naturaleza que de la destrucción del planeta. El mensaje de esta civilización apunta más bien a que el propio hombre terminará destruyendo la Tierra. Entonces no culpemos a los mayas de la desatinada conducta humana”, concluye Mark Van Stone.

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